24 de marzo de 2017

Una vez en la vida

Cada jueves, desde que tiene dinero en el bolsillo, Roberto echa su boleto de primitiva. Cuando tiene un poco más, dos apuestas; si va muy justo se conforma con una. Piensa que la mitad de probabilidad sigue siendo demasiado poco y que, prácticamente, no importa.

Sale de la administración con su suerte en la mano y no la suelta hasta que llega a casa. Entonces, con mimo, guarda el resguardo en el cajón donde está contenida su vida entera como apostante.

No sabe cuántos boletos almacena pero ya deben de ser algunos cientos. Los tiene perfectamente ordenados por fechas. Si por cualquier razón tuviera necesidad de saber lo que apostó, digamos, en la semana trece de 2013, podría encontrarlo en unos pocos segundos.

Y eso es lo único que le haría buscar un boleto, porque Roberto no mira jamás el resultado. Solo acierta a explicar algunas veces que cuando su boleto está premiado él lo sabrá. Sin necesidad de comprobarlo.

Amaya se pone muy nerviosa con esta dejadez de Roberto y no hace más que insistirle para que los mire, que aunque sea una de tres aciertos, oye, menos da una piedra. Pero Roberto se niega.

El último jueves Amaya reventó. Esperó a que Roberto dejara su boleto en el cajón y en cuando volvió a salir de casa lo cogió. Es cierto que se sintió fatal, pero lo hacía, pensó ella, por su bien. El día transcurrió con normalidad, pero a eso de las 10 de la noche Roberto empezó a notar una sensación extraña. Lo sentía en el estómago, que se le cerraba; no probó bocado en la cena. En el corazón, que parecía latir un poquito más fuerte, un poco más rápido.

Enseguida lo entendió. ¡Amaya, nos ha tocado la primitiva! Loco de contento corrió al cajón para coger, por fin, el boleto y comprobar, aunque no hiciera falta, la combinación.

Amaya, loca de contenta, corrió en dirección contraria a coger, ella sí, el boleto que había dejado en su cajón. ¿O no llegó a guardarlo y se quedó en el pantalón? ¿En el bolso? Ay, Dios.

Amaya jamás encontró el boleto. Roberto la perdonó, pero no volvió a jugar a la primitiva. Ya no tenía sentido. Hay cosas que solo pasan una vez en la vida.

6 de marzo de 2017

També per tu

També per tu que els anys et passen
sense malmetre´t gens les mans,
per tu que mires sempre enrere
perquè et fa por mirar endavant.

També per tu que sempre trobes
que el guany és poc i el risc molt dur,
tu per qui mai no val la pena
alçar la veu contra ningú.

També per tu que et fas enrere
si el joc et sembla poc segur,
també per tu que tot ho esperes
de l'altra gent, també per tu.

També per tu que ni t'adones
d'aquells que passen pel carrer,
que has tan après a no fixar-te
en tot allò que no et convé.

També per tu que tens la norma
de moure't sempre al grat del vent,
tu que quan parles dels qui lluiten
en dius sovint la pobra gent.

També per tu que converteixes
l'orgull subtil amb pietat,
tu que no entens que encara hi hagi
gent que demana llibertat.

També per tu, si ara voldries
no haver dit mai que no a ningú.
També per tu, si quan m'escoltes
et sents molt sol, també per tu.