29 de marzo de 2011

Vértigo

De todos los días de Navidad que he vivido, el del año en que tomé prestado aquel descapotable rojo fue sin duda el más señalado. Aún puedo sentir, mucho tiempo después, como se acelera mi corazón al revivir tanta emoción concentrada.
El viento moldeaba mis cabellos y la música atronaba mis oídos. A pesar de la endiablada velocidad y de una ruta infinitamente sinuosa, iba relajado al volante. Mi inmadurez se reflejaba en los continuos toques de claxon. O en los saludos a otros automovilistas con ambas manos, dejando al auto una iniciativa incierta. Las desquiciadas risas no cesaron cuando percibí un coche de la policía tras mi vehículo. La persecución era un nuevo aliciente de la fiesta. Curvas, música, claxon, luces,… Todo daba vueltas cuando comenzó a sonar la sirena. Me aferré al volante, pisé hasta el dolor el pedal del acelerador… pero el auto comenzó a perder velocidad. La aventura acababa y ya la sirena lo inundaba todo. Abatido, bajé del descapotable buscando una solución en el bolsillo. Era un duro remedio. Me acerqué a la ventanilla y saqué… otro billete para el tiovivo con las cinco pesetas que me daban de paga semanal a los siete años.


Aportado por Angel Martínez Moar


27 de marzo de 2011

What Is Life - George Harrison

La mentira descubierta

El Dr. Arun Gandhi, nieto de Mahatma Gandhi y fundador del instituto M.K. Gandhi para la Vida Sin Violencia, en su lectura del 9 de Junio en la Universidad de Puerto Rico, compartió la siguiente historia como un ejemplo de la vida sin violencia en el arte de sus padres:

Yo tenía 16 años y estaba viviendo con mis padres en el instituto que mi abuelo había fundado en las afueras, a 18 millas de la ciudad de Durban, en Sudáfrica, en medio de plantaciones de azúcar. Estábamos bien al interior del país y no teníamos vecinos, así que a mis dos hermanas y a mí, siempre nos entusiasmaba el poder ir a la ciudad a visitar amigos o ir al cine. Un día mi padre me pidió que le llevara a la ciudad para asistir una conferencia que duraba el día entero y yo aproveché esa oportunidad.

Como iba a la ciudad mi madre me dio una lista de cosas del supermercado que necesitaba y como iba a pasar todo el día en la ciudad, mi padre me pidió que me hiciera cargo de algunas cosas pendientes, como llevar el coche al taller. Cuando me despedí de mi padre él me dijo:
- Nos vemos aquí a las 5 pm. y volvemos a la casa juntos.

Después de completar muy rápidamente todos los encargos, me fui hasta el cine más cercano. Me concentré tanto en la película, una película doble de John Wayne, que me olvidé del tiempo.

Eran las 5:30 pm. cuando me acordé. Corrí al taller, conseguí el coche y me apuré hasta donde mi padre me estaba esperando. Eran casi las 6 pm. Él me preguntó con ansiedad:
- ¿Por qué llegas tarde? Me sentía mal por eso y no le podía decir que estaba viendo una película de John Wayne; entonces le dije que el coche no estaba listo y tuve que esperar, esto lo dije sin saber que mi padre ya había llamado al taller.

Cuando se dio cuenta que había mentido, me dijo:
- Algo no anda bien en la manera como te he criado puesto que no te he dado la confianza de decirme la verdad. Voy a reflexionar que es lo que hice mal contigo. Voy a caminar las 18 millas a la casa y a pensar sobre esto.

Así que vestido con su traje y sus zapatos elegantes, empezó a caminar hasta la casa por caminos que no estaban ni pavimentados ni alumbrados. No lo podía dejar solo. Yo llevé el coche 5 horas y media detrás de él. Viendo a mi padre sufrir la agonía de una mentira estúpida que yo había dicho.

Decidí desde ahí que nunca más iba a mentir.

Muchas veces me acuerdo de este episodio y pienso. Si me hubiese castigado de la manera como nosotros castigamos a nuestros hijos. ¿hubiese aprendido la lección?. ¡No lo creo! Hubiese sufrido el castigo y hubiese seguido haciendo lo mismo. Pero esta acción de no violencia fue tan fuerte que la tengo impresa en la memoria como si fuera ayer.

¡Este es el poder de la vida sin violencia!.

23 de marzo de 2011


- No, es No y hay una sola manera de decirlo. No.
 Sin admiración, sin interrogantes, ni puntos suspensivos.
- No, se dice de una sola manera.
 Es corto rápido, monocorde, sobrio y escueto.
- No, se dice una sola vez. Con la misma entonación.
- Un No que necesita de una larga caminata
 o una reflexión en el jardín no es No.
- Un No que necesita de explicaciones justificadoras, no es No.
- No, tiene brevedad.
- No, no deja puertas abiertas ni entrampa con esperanzas,
 ni puede dejar de ser.
- No, aunque el otro y el mundo se pongan patas arriba.
- No, es el fin de un libro,
 sin más capítulos ni segundas partes.
- No, no se dice por carta, ni se dice con silencios,
 ni en voz baja,ni gritando, ni con la cabeza gacha,
 ni mirando hacia otro lado,
 ni con símbolos devueltos, ni con pena,
 aún menos con satisfacción.
- No, es No.

Cuándo el No es No,
se mirará a los ojos
y el No se descolgará naturalmente de los labios.
La voz del No, no es trémula,
vacilante, ni agresiva, no deja lugar a dudas.

Ese No, no es una negación del pasado,
es una corrección al futuro.

Y sólo quién sabe decir No, puede decir Si

Gossos - La nit s'acaba

Cierra capítulos de tu vida

 

¿Terminó tu trabajo? ¿Se acabó tu relación? ¿Ya no vives más en esa casa? ¿Debes irte de viaje? Puedes pasarte mucho tiempo de tu presente “revolcándote” en los porqués, tratar de entender por qué sucedió tal o cual hecho. El desgaste va a ser infinito, porque en la vida tú, tu amigo, tus hijos, tus hermanos, todos y todas estamos encaminados hacia ir cerrando capítulos, ir dando vuelta a la hoja, a terminar con etapas o con momentos de la vida y seguir adelante.

No podemos estar en el presente añorando el pasado. Ni siquiera preguntándonos por qué. Lo que sucedió, sucedió, y hay que soltarlo, hay que desprenderse. No podemos ser niños eternos, ni adolescentes tardíos, ni empleados de empresas inexistentes, ni tener vínculos con quien no quiere estar vinculado a nosotros. Por eso, a veces es tan importante destruir recuerdos, regalar presentes, cambiar de casa, romper papeles, tirar documentos y vender o regalar libros.

Los cambios externos pueden simbolizar procesos interiores de superación. Dejar ir, soltar, desprenderse. En la vida nadie juega con las cartas marcadas y hay que aprender a perder y a ganar. Hay que dejar ir, hay que dar vuelta a la hoja, hay que vivir sólo lo que tenemos en el presente.

El pasado ya pasó. No esperes que te lo devuelvan, no esperes que te reconozcan, no esperes que alguna vez se den cuenta de quién eres tú...Suelta el resentimiento. El prender “tu televisor personal” para darle y darle al asunto lo único que consigue es dañarte lentamente, envenenarte y amargarte. La vida está para adelante, nunca para atrás. Si andas por la vida dejando “puertas abiertas” por si acaso, nunca podrás desprenderte ni vivir lo de hoy con satisfacción.

Tú ya no eres el mismo que fuiste hace dos días, hace tres meses, hace un año. Por lo tanto, no hay nada a qué volver. Cierra la puerta, da vuelta a la hoja. Ni tú serás el mismo, ni el entorno al que regresas será igual, porque en la vida nada se queda quieto, nada es estático. Es salud mental, amor por ti mismo, desprender lo que ya no está en tu vida. Recuerda que  nada ni nadie es indispensable. Ni una persona, ni un lugar, ni un trabajo.


Siempre es preciso saber cuándo se acaba una etapa de la vida. Si insistimos en permanecer en ella más allá del tiempo necesario, perderemos la alegría y el sentido del resto. Nada es vital para vivir, porque cuando llegamos a este mundo, lo hacemos sin ese adhesivo. Por lo tanto, es costumbre vivir pegado a él, y es un trabajo personal aprender a vivir sin él, sin el adhesivo humano o físico que hoy te duele dejar ir. Es un proceso de aprender a desprenderse, y humanamente se puede lograr, porque nada ni nadie nos es indispensable. Sólo es costumbre, apego, necesidad. Así que, es absolutamente necesario cerrar, clausurar, limpiar, tirar, oxigenar, desprenderse, sacudirse, soltarse.

Hay muchas palabras para significar salud mental y cualquiera que sea la que escojamos, nos ayudará a seguir adelante con tranquilidad. ¡Esa es la vida!


20 de marzo de 2011

Con el tiempo aprendes...

Con el tiempo aprendes que estar con alguien porque te ofrece un buen futuro significa que tarde o temprano querrás volver a tu pasado.
Con el tiempo comprendes que solo quien es capaz de amarte con tus defectos, sin pretender cambiarte, puede brindarte toda la felicidad que deseas.
Con el tiempo te das cuenta de que si estas al lado de esa persona solo por acompañar tu soledad, irremediablemente acabarás deseando no volver a verla.
Con el tiempo te das cuenta de que los amigos verdaderos valen mucho más que cualquier cantidad de dinero.
Con el tiempo entiendes que los verdaderos amigos son contados, y que el que no lucha por ellos tarde o temprano se verá rodeado solo de amistades falsas.
Con el tiempo aprendes que las palabras dichas en un momento de ira pueden seguir lastimando a quien heriste, durante toda la vida.
Con el tiempo aprendes que disculpar cualquiera lo hace, pero perdonar es solo de almas grandes...
Con el tiempo comprendes que si has herido a un amigo duramente, muy probablemente la amistad jamás volverá a ser igual.
Con el tiempo te das cuenta que aunque seas feliz con tus amigos, algún día lloraras por aquellos que dejaste ir.
Con el tiempo te das cuenta de que cada experiencia vivida con cada persona, es irrepetible.
Con el tiempo te das cuenta de que el que humilla o desprecia a un ser humano tarde o temprano sufrirá las mismas humillaciones o desprecios multiplicados.
Con el tiempo aprendes a construir todos tus caminos en el hoy, porque el terreno del mañana, es demasiado incierto para hacer planes.
Con el tiempo comprendes que apresurar las cosas o forzarlas a que pasen ocasionará que al final no sean como esperabas.
Con el tiempo te das cuenta de que en realidad lo mejor no era el futuro, sino el momento que estabas viviendo justo en ese instante.
Con el tiempo verás que aunque seas feliz con los que están a tu lado, añorarás terriblemente a los que ayer estaban contigo y ahora se han marchado.
Con el tiempo aprenderás que intentar perdonar o pedir perdón, decir que amas, decir que extrañas, decir que necesitas, decir que quieres ser amigo.... ante una tumba..., ya no tiene ningún sentido...
Pero desafortunadamente....SOLO CON EL TIEMPO....


"EL HOMBRE SE HACE VIEJO MUY PRONTO Y SABIO MUY TARDE" JUSTAMENTE CUANDO YA NO HAY TIEMPO.....


Que es fácil y que es difícil...

1) Fácil es ocupar un lugar en la agenda telefónica. Difícil es ocupar el corazón de alguien...
2) Fácil es herir a quien nos ama. Difícil es curar esa herida...
3) Fácil es dictar reglas. Difícil es seguirlas...
4) Fácil es soñar todas las noches. Difícil es luchar por un sueño..
5) Fácil es exhibir la victoria. Difícil es asumir la derrota con dignidad...
6) Fácil es admirar una luna llena. Difícil es ver su otra cara...
7) Fácil es saber que estás rodeado por personas queridas. Difícil es saber eso y no sentirte solo...
8)Fácil es tropezar en una piedra. Difícil es levantarte...
9) Fácil es disfrutar la vida a todos los días. Difícil es darle el verdadero valor...
10) Fácil es orar todas las noches. Difícil es encontrar a Dios en las cosas pequeñas...
11) Fácil es prometerle a alguien algo. Difícil es cumplirle esa promesa...
12) Fácil es decir que amamos. Difícil es demostrarlo todos los días...
13) Fácil es criticar a los demás. Difícil es mejorar uno mismo...
14) Fácil es cometer errores. Difícil es aprender de ellos...
15) Fácil es llorar por el amor perdido. Difícil es cuidarlo para no perderlo...
16) Fácil es pensar en mejorar. Difícil es dejar de pensarlo y solamente hacerlo...

16 de marzo de 2011

El rabino

Una vez acabado el año fiscal, la Agencia Tributaria envió un inspector de Hacienda para auditar los libros de una sinagoga.
Mientras los iba comprobando, se giró hacia el rabino y le dijo:
-Observo que compraron un montón de cirios- ¿Qué es lo que hacen con los restos de cera que gotean?
-Buena pregunta -dijo el rabino-
Las vamos guardando y las devolvemos al fabricante, y de vez en cuando ellos nos envían gratis una caja de cirios.
-¡Oh!, respondió el inspector, algo decepcionado con que su insólita pregunta hubiese tenido una respuesta tan buena, pero continuó con sus odiosas maneras-
¿Qué me puede decir sobre sus compras de galletas? ¿Qué hacen con las migajas?
-¡Ah, sí! -respondió el rabino, dándose cuenta de que el inspector estaba intentando ponerle en un aprieto con su absurda pregunta; las recogemos y las devolvemos a los fabricantes y de vez en cuando, nos envían gratis una caja de benditas galletas.

-Ya veo- respondió el inspector, estrujándose el coco para ver como podía sacar de quicio al sabelotodo del rabino-.

¡Bien rabino! y entonces, ¿qué es lo que hacen con los prepucios que van quedando de las circuncisiones que llevan a cabo?

-Pues aquí tampoco desperdiciamos nada -respondió el rabino-.
Lo que hacemos es irlos guardando y enviarlos a la Agencia Tributaria y de vez en cuando, una vez al año más o menos, ellos nos envían un capullo completo.

El mayor placer de una persona inteligente es aparentar ser idiota delante de un idiota que aparenta ser inteligente. (NO LO OLVIDÉIS NUNCA, PORQUE HAY MONTONES POR TODOS LADOS)

REFLEXIÓN DEL DÍA
Nunca discutas con un imbécil,
te hará descender a su nivel y allí te
ganará por experiencia.

15 de marzo de 2011

Pon el freno

 

¿Tienes la sensación de ir siempre corriendo? ¿Te pasas el día mirando la hora para no llegar tarde? ¿Llegas al final de la jornada con la lengua fuera? La mayoría de las personas que vivimos en las ciudades sufrimos la “enfermedad de la prisa”: pretendemos hacer un montón de cosas en el mínimo tiempo posible. Llevar un estilo de vida más lento requiere aprendizaje y, como cualquier otra habilidad, precisa tiempo, esfuerzo y práctica.

Tener un orden al realizar las cosas ayuda a estar más tranquilo y relajado. Tienes que pensar qué aspectos de tu vida son los que más te importan y ponerlos en orden, de mayor a menor importancia. Tener claras tus prioridades te ayudará a organizar mejor el día a día, a tomar una decisión rápida en un momento de estrés, a decir que no a algo sin sentir culpa...

En lugar de querer controlar tanto las cosas que nos pasan, debemos tomar el control sobre nosotros mismos. ¿Cómo? Revisando nuestras prioridades y poniendo en uno de los primeros lugares cuidarnos y disfrutar de la vida. Alimentar nuestro espíritu con las cosas que le gustan genera automáticamente felicidad y nos aporta un plus de energía.

Los promotores del Slow Movement, una iniciativa mundial que apuesta por ir más despacio a todos los niveles, aboga por que se produzca una desaceleración en la vida cotidiana. Impulsores del famoso movimiento Slow Food como vía para luchar contra la comida rápida, no se han quedado sólo en la gastronomía y han creado un auténtico catálogo de iniciativas que afectan a todas las áreas de nuestra existencia. Es el caso de las Slow Cities, o ciudades lentas, donde no se reside, se vive.


Levantar el pie del acelerador.
La única manera de evitar el estrés que provoca la lucha por ser perfecto en todo lo que se hace o, por lo menos, de minimizarlo, es levantando el pie del acelerador; es decir, bajando el ritmo de vida. Lo cual comienza por darnos cuenta de que es imposible que lo podamos abarcar todo. Después, hay que modificar el entorno y los pensamientos erróneos, y reaprender a realizar las tareas cotidianas. En resumen, nos conviene:

Seleccionar, aplaza, delegar  y organizarse para disponer de más tiempo para uno mismo.
Programar las actividades para que no se acumulen.
Establecer prioridades: puede ser el trabajo para algunos, pero para otros será la familia, o el deporte, o la naturaleza.
Conocer las limitaciones personales.
No autoexigirse en exceso.

12 de marzo de 2011

Conquista tu paz interior

Conocerse y afrontar la vida con paz y serenidad son los pasos previos para crecer intelectual y emocionalmente. Así podrás mantener una autoestima sana, que te permita disfrutar con todo lo que te rodea.

Anota lo que te inquieta
En primer lugar, apunta en un papel todo aquello que te produce inquietud, desasosiego e incluso enfado. Muchas veces almacenamos en nuestro interior fracasos, complejos o inseguridades que son la causa de nuestra falta de paz.

Cura antiguas heridas
Una vez que tengamos claro donde está el problema, hay que ponerle remedio. En ocasiones, hará falta la ayuda de un profesional, pero en otras sólo tendremos que mirar lo que nos preocupa desde otra perspectiva o solucionar las cosas hablando (la falta de comunicación es el origen de muchos conflictos internos).

Márcate un objetivo
Piensa como quieres ser dentro de unos años o qué te gustaría estar haciendo. Tener una meta en la vida da sentido a todo lo que hacemos. No saber hacia dónde van nuestros pasos acaba provocando angustia y sensación de vacío.

No sufras por el futuro
Aunque ya tengas claro qué quieres hacer el día de mañana, vive en el presente. Pensar en el futuro no significa instalarse en él. En el fondo, el futuro es incierto, no existe, y estar demasiado pendiente de él nos resta fuerzas, somos menos eficaces y también menos felices. Lo único que tienes es el momento presente, así que ¡disfrútalo!.

Ten afán de superación
Proponte hacer todo lo bien que puedas aquello que ocupe tu tiempo. Intenta superarte un poco cada día, en cualquier aspecto de tu vida, aunque, eso sí, sin inútiles perfeccionismos que sólo nos llenan de frustración. Ya sabes que lo perfecto es enemigo de lo bueno.


Quiérete contra viento y marea

Las mujeres adolecen de un nivel de autoestima, en términos generales, menor que los hombres, en parte debido a la representación sociocultural histórica que se hace de su sexo y a la supuesta inferioridad intelectual, física o cultural.
Las mujeres deben esforzarse mucho más para demostrar sus capacidades, lo que les genera un alto grado de estrés físico y/o emocional.
No hay antídoto mejor para afrontar una autoestima baja que abandonar los estereotipos asignados al sexo femenino. Autoconocimiento, aceptación y validación de una misma son elementos básicos para mejorar. Preguntarse quién soy, cómo quiero ser y qué me lo impide. Validarse no significa darse un valor forzosamente positivo sino dar valor y dignidad a la persona que somos sólo por el hecho de serlo, reconocer nuestras habilidades y limitaciones e ir abandonando el sentimiento de culpa o vergüenza por no ser como se pide que "se debe ser".
No hay una única manera de "ser mujer", hay tantas formas de serlo como mujeres existen, representando diferentes formas de feminidad. Adquirir confianza y aumentar la autoestima es un proceso que implica, inevitablemente, el autorrespeto y la autoaceptación.


María Sánchez Jímenez.


La flor de la honestidad

Se cuenta que allá por el año 250 a.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.

Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración y sin poder creerlo le preguntó:

- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.

Y la hija respondió:
- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:

- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.

La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.

El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.

Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.

Finalmente llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven sería su futura esposa.

Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.

Entonces, con calma el príncipe explicó:

- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: LA FLOR DE LA HONESTIDAD. Todas las semillas que entregué eran estériles


Responsabilidad y riesgo

La raíz latina de la palabra “responsabilidad” desvela su significado: capacidad de responder, de reaccionar.

Un guerrero responsable fue capaz de observar y de practicar. Fue, incluso, capaz de ser “irresponsable”: alguna vez se dejó llevar por los acontecimientos, sin reaccionar.

Pero aprendió las lecciones. Adoptó una actitud, escuchó un consejo, tuvo la humildad de aceptar ayuda.

Un guerrero responsable no es el que se pone sobre los hombros el peso del mundo; es aquel que consigue enfrentar los desafíos de cada día.

Por supuesto, a veces le entra miedo cuando tiene que tomar una decisión importante.

-Esto es demasiado grande para ti- dice un amigo.

-Adelante, sé valiente – dice otro.

Y sus dudas aumentan.

Tras algunos días de angustia, él se recoge en un rincón de su tienda, donde suele sentarse para meditar y orar. Se ve a sí mismo en el futuro. Ve a las personas que saldrán beneficiadas o perjudicadas por su actitud. No quiere causar sufrimientos inútiles, pero tampoco quiere abandonar el camino.

El guerrero entonces deja que la decisión se manifieste. Si hay que decir que sí, lo dirá con valentía. Si hay que decir que no, no será cobarde para hacerlo. Cuando el guerrero asume una responsabilidad, mantiene su palabra.

Los que prometen y no cumplen, pierden su amor propio, tienen vergüenza de sus propios actos. La vida de estas personas consiste en huir. Gastan mucha más energía deshonrando la palabra que la que el guerrero de la luz emplea para cumplir sus compromisos.

A veces, él también asume una responsabilidad tonta, que le dará perjuicios. No vuelve a repetirlo, pero, de todas maneras, honra su palabra y paga el precio de su precipitación.

Claro que termina escuchando opiniones que le son contrarias. Pero, antes de prestar oídos a cualquier cosa, procura informarse de si quien da estas opiniones realizó alguna vez un trabajo mejor que el suyo. Generalmente, los que critican nunca vivieron su propio sueño; sólo los vencedores son tolerantes y generosos.

¿Por qué critican?

Porque, a cada paso al frente que el guerrero dio, esta persona se quedó rezagado un paso más. Para ella resulta duro aceptar que alguien está alcanzando todo lo que ella creía inalcanzable.

Eso no quiere decir que el guerrero no dé pasos en falso: va a equivocarse muchas veces, pero eso no tiene mayor importancia. Equivocarse forma parte del camino, corregir el error forma parte de su responsabilidad.

Para equivocarse menos, el guerrero descansa de vez en cuando, y se alegra con las cosas sencillas de la vida. sabe que las cuerdas que están permanentemente tensas se acaban desafinando. Que los caballos que no paran de saltar obstáculos, acaban rompiéndose una pata. Que los arcos que se curvan a diario, terminan por no lanzar las flechas con la misma fuerza.

11 de marzo de 2011

Emprende el camino del espíritu

 

Son muy diversas las emociones que pueden impulsar el corazón del hombre a emprender el camino de la espiritualidad. El motivo puede ser “noble” (como la fe, el amor al prójimo o la caridad ), pero también puede reducirse a un capricho, como el miedo a la soledad, la curiosidad, o el temor a la muerte.

Nada de eso importa. El verdadero camino espiritual es más fuerte que las razones que nos condujeron a él, y poco a poco acaba imponiéndose, con amor, disciplina y dignidad. Llega un momento en el que miramos atrás, recordamos el inicio de nuestra jornada, y nos reímos de nosotros mismos en aquel entonces. En definitiva, fuimos capaces de crecer, a pesar de la banalidad de los motivos iniciales que nos llevaron al camino.

Pero, ¿cómo saber si estamos recorriendo este camino con amor y dignidad? Sencillamente, estando plenamente atentos a las señales que Dios nos envía:

Dios suele emplear la soledad para enseñarnos algo acerca de la convivencia.
A veces usa la rabia para que podamos comprender el infinito valor de la paz. Otras veces, con el tedio quiere mostrarnos la importancia de dejarse llevar por la aventura.

Dios suele emplear el silencio para enseñarnos algo acerca de la responsabilidad de lo que decimos. A veces usa el cansancio para que podamos comprender el valor del despertar. En otras ocasiones, con la enfermedad quiere mostrarnos la importancia de tener buena salud.

Dios suele emplear el fuego para enseñarnos algo acerca del agua. A veces usa la tierra para que podamos comprender el valor del aire. En otras ocasiones, con la muerte quiere mostrarnos la importancia de la vida.

No solemos dar valor a lo que hacemos todos los días, pero esto es lo que transforma el mundo que nos rodea. Pensamos que la fe es un trabajo de gigantes, pero si leemos algunas páginas de la biografía de cualquier santo, nos daremos cuenta de que era una persona absolutamente común, con la particularidad de que decidió firmemente dividir con los demás lo mejor de sí mismo. Por eso, continúa con lo que haces, pero intenta poner amor en cada gesto: esto bastará para organizar tu búsqueda espiritual. Mientras no hagas mal a nadie, cambia de opinión de vez en cuando, y no te avergüences por contradecirte: estás en tu derecho. No importa lo que piensen los demás, porque lo pensarán de todas formas.


Paulo Coelho

7 de marzo de 2011

Nuestro niño interior

Pongamos atención en lo que nos dice el niño que llevamos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por su causa. No debemos dejar que tenga miedo por estar solo o porque casi nunca lo escuchamos. Vamos a permitir que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Este niño sabe bien que cada día es diferente del anterior. Vamos a hacer que se sienta nuevamente querido. Vamos a agradarlo, aunque eso signifique actuar de manera algo insólita para nosotros mismos, aunque los demás consideren que estamos haciendo tonterías. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestra mirada volverá a brillar. Si no perdemos el contacto con este niño, no perderemos el contacto con la vida.

Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día, y que aún existe en nuestro interior. Este niño sabe de instantes mágicos. Podemos sofocar su llanto, pero no podremos acallar su voz. Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, ésta dejará de tener sentido.

Desde la ventana

Una noche en la que el calor era insoportable, sin la más leve brisa que entrara por las ventanas abiertas y con el termómetro marcando los mismos grados que durante el dia, Raquel se levantó incapaz de conciliar el sueño y, mientras bebía un vaso de agua junto a la puerta que daba al jardín, vio una luz, dudando entre lucir más o apagarse del todo, en lo alto de una de las casas del fondo de la calle.
La reconfortó saber que ella no era la única que estaba sin dormir y, quizá por eso, las noches siguientes, desvelada y agotada por la ola de calor que parecía no tener fin, se fijaba de nuevo en aquella ventana.
Como si desde allí también le prestaran atención, la luz, que en un principio se encendía con timidez, fue expandiéndose hasta permitir ver con claridad el contorno de la ventana, la pared que la rodeaba y el interior. A pesar de la distancia, la joven observaba en busca de quien, como ella, permanecía en vigilia.
Aprovechaba las primeras horas del día, cuando soplaba una leve brisa que hacía descender algo el mercurio del termómetro, para conciliar el sueño y se levantaba cuando su familia estaba a punto de regresar a casa de sus obligaciones. Ese verano sin un lugar adonde escapar de vacaciones con sus amigos y sin una ocupación se le estaba haciendo insoportable.
Descubrir la ventana le sirvió de distracción. Raquel esperaba entre las sombras del salón a que todos durmieran, entonces, al pisar la hierba alumbrada por la luna, una luz, noche tras noche, iluminaba el desván de la casa del fondo de la calle.
El convencimiento de que tras aquella ventana alguien estaba pendiente de ella la llevó a intentar comunicarse: agitó los brazos y saltó sin obtener respuesta. Luego tuvo otra idea: pulsó varias veces el interruptor del salón dejando que la luz saliera por la puerta y las ventanas, una vez sí y otra no. Descubrió que, al mismo ritmo que su jardín se iluminaba, lo hacía la ventana de la casa vecina dejando ver a una silueta en movimiento.
Quien respondía a las señales lo hacía desde el alféizar; Raquel se asustó y apagó la luz temiendo que perdiera el equilibrio. A la noche siguiente, el juego de luces fue más breve aún al ver Raquel a la figura asomarse peligrosamente por la ventana; apagó y entró decidida a poner fin a tal temeridad.
La tarde siguiente, antes del anochecer, se acercó a la casa del fondo de la calle, llamó y, tras una breve y confusa explicación, preguntó a quien le abrió la puerta por la persona que ocupaba la habitación de la buhardilla. “¿En el desván, dices? Está cerrado y la ventana inutilizada; la tapiaron los anteriores propietarios. Al parecer, alguien se cayó desde allí”. Raquel retrocedió, levantó la vista y comprobó que donde la noche anterior había una ventana iluminada sólo se veían ladrillos medio tapiados por la hiedra.


6 de marzo de 2011

Proyectos

Aquella mañana me había citado con el dueño de aquel piso situado en uno de los barrios más antiguos de Barcelona. Por mi profesión de anticuaria, no era la primera vez que se me ofrecía la posibilidad de inspeccionar todos los objetos de una vivienda antes de ponerla a la venta en una inmobiliaria. La poca puntualidad de su dueño, me llevó a pasear la vista por la estancia en la que me encontraba y detenerme frente a un secreter que necesitaba una urgente restauración. Casi sin darme cuenta, tiré de la pequeña asa de color indefinido atornillada flojamente en el centro del primer cajón y vi el revoltijo de papeleo y fotografías que contenía; a un lado, un moderado fajo de viejos retratos atado con una podrida goma elástica, contrastaba un poco con aquel desorden. Como el dueño seguía sin aparecer, me senté en un sofá que parecía mejor conservado que el secreter y empecé a mirar las fotografías.
Me detuve en la tercera imagen del fajo. Una joven pareja y sus dos hijos, sin nada más que sus proyectos, su propia fuerza y sus ilusiones para salir adelante, me hicieron pensar en mí misma...en mi vocación hecha realidad, en mis buenas ganancias después de cada negociación...aunque no tenía grandes ilusiones, tampoco hijos; llevaba seis años divorciada y no veía casi nunca a los que llamaba mis amigos.
Me apeteció acomodarme en el viejo sofá, aunque casi al instante recobré mi acostumbrada compostura profesional. El dueño del piso hacía girar la llave en la puerta de entrada. En un rápido ademán me guardé la añeja fotografía en el bolsillo interior de mi chaqueta y, apresuradamente, coloqué el cajón en el secreter.


Gloriana




Jenko

Recuerdo a mi padre ayudándome enérgicamente a sentarme sobre el lomo de Jenko. Celebrábamos mi decimocuarto aniversario, mi madre organizó una discreta reunión familiar y mi padre me regaló un precioso caballo al que de inmediato llamé Jenko.
Si no dudé a la hora de escoger su nombre, era debido a que era un regalo deseado, al que mi madre terminó cediendo dando el permiso para su compra después de varios meses escuchando mis insistentes peroratas ensalzando las ventajas de tener un caballo en el establo, y dándose cuenta de que eran apoyadas por mi padre con sus silencios y algún asentimiento con la cabeza, mientras duraban aquéllas.
Al cabo de muy poco tiempo, la actitud de Jenko era comentada por todos los que frecuentaban la granja debido a la manera en que mostraba su agradecimiento hacia mis cuidados, regalándome un cariño especial, a pesar de lo poco sociable que demostró ser en algunas ocasiones, esquivando las caricias de algún visitante o poniendo difícil al veterinario su revisión periódica. También yo era poco sociable cuando se presentaba la ocasión para serlo, y supongo que este rasgo nos unió más aun, ocasionando que los largos paseos que dábamos casi todas las tardes, fueran un gran nexo entre los dos.
Noto un suave calor sobre mi rostro, y me hace abrir los ojos, que siento levemente hinchados y los dirijo hacia los rayos de luz que entran por la pared del establo. Es entonces cuando llega a mi memoria el inmediato recuerdo de como Jenko se hizo viejo y ya no se levantó más...sí, fue ayer por la mañana y aun llegó a ver estos rayos de sol que hoy vuelven a aparecer, pero no para él. Creo que debí quedarme dormida en el rincón habitual de Jenko, cuando, por la noche, entré en el establo, echándole de menos...


Gloriana.





Tenemos un zoológico que domar...

Se cuenta lo siguiente de un viejo anacoreta o ermitaño , es decir, una de esas personas que por amor a Dios se refugian en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia.Se quejaba muchas veces que tenía demasiado quehacer.La gente no entendía cómo era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro.A lo que les contestó:

"Tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león".

"No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives. ¿Dónde están todos estos animales?"




Entonces el ermitaño dio una explicación que todos comprendieron. “Estos animales los llevamos dentro”

Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo. Tengo que entrenarlos para que sólo se lancen sobre presas buenas.SON MIS OJOS

Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan. Tengo que entrenarlas para que sólo se pongan al servicio y ayuden sin herir.SON MIS MANOS

Y los conejos quieren ir adonde les plazca, huir de los demás y esquivar las situaciones difíciles. Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya un sufrimiento, un problema o cualquier cosa que no me gusta.SON MIS PIES

Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra encerrada en una jaula de 32 varillas. Siempre está lista por morder y envenenar a los que la rodean apenas se abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño.ES MI LENGUA

El burro es muy obstinado, no quiere cumplir con su deber.Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día.ES MI CUERPO

Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, es vanidoso y orgulloso. Ese… ES MI CORAZÓN.






5 de marzo de 2011

El origen del mal

En medio de un bosque vivía un ermitaño, sin temer a las fieras que allí moraban. Es más, por concesión divina o por tratarlas continuamente, el santo varón entendía el lenguaje de las fieras y hasta podía conversar con ellas.
En una ocasión en que el ermitaño descansaba debajo de un árbol, se cobijaron allí, para pasar la noche, un cuervo, un palomo, un ciervo y una serpiente. A falta de otra cosa para hacer y con el fin de pasar el rato, empezaron a discutir sobe el origen del mal.
-El mal procede del hambre -declamó el cuervo, que fue el primero en abordar el tema-. Cuando uno come hasta hartarse, se posa en una rama, grazna todo lo que le viene en gana y las cosas se le antojan de color de rosa. Pero, amigos, si durante días no se prueba bocado, cambia la situación y ya no parece tan divertida ni tan hermosa la naturaleza. ¡Qué desasosiego! ¡Qué intranquilidad siente uno! Es imposible tener un momento de descanso. Y si vislumbro un buen pedazo de carne, me abalanzo sobre él, ciegamente. Ni palos ni piedras, ni lobos enfurecidos serían capaces de hacerme soltar la presa. ¡Cuántos perecemos como víctimas del hambre! No cabe duda de que el hambre es el origen del mal.
El palomo se creyó obligado a intervenir, apenas el cuervo hubo cerrado el pico.
Opino que el mal no proviene del hambre, sino del amor. Sí viviéramos solos, sin hembras, sobrellevaríamos las penas.
Mas, ¡ay!, vivimos en parejas y amamos tanto a nuestra compañera, que no hallamos un minuto de sosiego, siempre pensando en ella. "¿Habrá comido? - nos preguntamos- ¿Tendrá bastante abrigo?". Y cuando se aleja un poco de nuestro lado, nos sentimos como perdidos y nos tortura la idea de que un gavilán la haya despedazado o de que el hombre la haya hecho prisionera. Empezamos a buscarla por doquier, con loco afán; y, a veces, corremos hacia la muerte, pereciendo entre las garras de las aves de rapiña o en las mallas de una red. Y si la compañera desaparece, uno no come ni bebe; no hace más que buscarla y llorar. ¡Cuántos mueren así entre nosotros! Ya ven que todo el mal proviene del amor, y no del hambre.
-No; el mal no viene ni del hambre ni del amor -arguyó la serpiente-. El mal viene de la ira. si viviésemos tranquilos, si no buscásemos pendencia, entonces todo iría bien. Pero, algo se arregla de modo distinto a como quisiéramos, nos arrebatamos y todo nos ofusca. Sólo pensamos en una cosa: descargar nuestra ira en el primero que encontremos. Entonces, como locos, lanzamos silbidos y nos retorcemos, tratando de morder a alguien. En tales momentos, no se tiene piedad de nadie; mordería uno a su propio padre o a su propia madre; podríamos comernos a nosotros mismos; y el furor acaba por perdernos. Sin duda alguna, todo el mal viene de la ira.
El ciervo no fue de este parecer.
-No; no es de la ira ni del amor ni del hambre de donde procede el mal, sino del miedo. si fuera posible no sentir miedo, todo marcharía bien. Nuestras patas son ligeras para la carrera y nuestro cuerpo vigoroso. Podemos defendernos de un animal pequeño, con nuestro cuerpo; y la huida nos preserva de los grandes. Pero es imposible no sentir miedo. Apenas cruje una rama en el bosque o se mueve una hoja, temblamos de terror. El corazón palpita, como si fuera a salirse del pecho; y echamos a correr. Otras veces, una liebre que pasa, un pájaro que agita las alas o una ramita que cae, nos hace creer que nos persigue una fiera; y salimos disparados, tal vez hacia el lugar del peligro. A veces, para esquivar a un perro, vamos a dar con el cazador; otras, enloquecidos de pánico, corremos sin rumbo y caemos por un precipicio, donde nos espera la muerte. Dormimos preparados para echar a correr; siempre estamos alerta, siempre llenos de terror. No hay modo de disfrutar de un poco de tranquilidad. De ahí deduzco que el origen del mal está en el miedo.
Finalmente intervino el ermitaño y dijo lo siguiente:
-No es el hambre, el amor, la ira ni el miedo, la fuente de nuestro males, sino nuestra propia naturaleza. Ella es la que engendra el hambre, el amor, la ira y el miedo.


León Tolstoi.


















Cuento de la serpiente y el maestro espiritual

Esta breve narración va a ayudarnos a tomar conciencia de que la agresividad sana sirve como protección contra el ataque de los depredadores. Algo bastante obvio, ya que si alguien está invadiendo nuestro territorio o amenazándonos, o bloqueando nuestra posibilidad de progreso, es totalmente apropiado sentir o expresar cierta agresividad.




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Una serpiente sana está escuchando una conferencia de un maestro espiritual que se encuentra casualmente en el pueblo. El maestro ensalza las virtudes del amor, la paz y la filosofía del ahimsa (el término sánscrito que designa la no violencia). Impresionada, la serpiente sufre una transformación y decide que nunca más volverá a hacer daño a la gente. Dos meses más tarde, el maestro espiritual vuelve al pueblo, y la serpiente está hecha una lástima, pisoteada y medio muerta, se dirige a él para decirle:
- Quiero que me devuelvas el dinero; hice lo que tú predicas y casi me cuesta la vida.
- ¡Yo no te dije que no silbaras! -le responde el maestro.