29 de mayo de 2011

Pleito a la luz

He aquí que un día la oscuridad se percató de que la luz cada vez le estaba robando mayor espacio y decidió entonces ponerle un pleito. Tiempo después, llegó el día marcado para el juicio. La luz se personó en la sala antes de que lo hiciera la oscuridad.

Llegaron los respectivos abogados y el juez. Transcurrió el tiempo, pero la oscuridad no se presentaba. Todos esperaron pacientemente, pero la oscuridad no aparecía. Finalmente, harto el juez y constatando que la parte demandante no acudía, falló a favor de la luz. ¿Qué había sucedido? ¿Cómo era posible que la oscuridad hubiera puesto un pleito y no se hubiera presentado? Nadie salía de su asombro, aunque la explicación era sencilla: la oscuridad estaba fuera de la sala, pero no se atrevió a entrar porque sabía que sería en el acto disipada por la luz.



*El Maestro dice: La luz es consciencia y sabiduría, en tanto que la oscuridad es ofuscación y estrechez de miras. Si te estableces en la sabiduría, ¿hay lugar para la ofuscación?*

24 de mayo de 2011

El atolladero

He aquí que un hombre entró en una pollería. Vio un pollo colgado y, dirigiéndose al pollero, le dijo:

--Buen hombre, tengo esta noche en casa una cena para unos amigos y necesito un pollo. ¿Cuánto pesa éste?

El pollero repuso:

--Dos kilos, señor.

El cliente meció ligeramente la cabeza en un gesto dubitativo y dijo:

--Éste no me vale entonces. Sin duda, necesito uno más grande.

Era el único pollo que quedaba en la tienda. El resto de los pollos se habían vendido. El pollero, empero, no estaba dispuesto a dejar pasar la ocasión. Cogió el pollo y se retiró a la trastienda, mientras iba explicando al cliente:

--No se preocupe, señor, enseguida le traeré un pollo mayor.

Permaneció unos segundos en la trastienda. Acto seguido apareció con el mismo pollo entre las manos, y dijo:

--Éste es mayor, señor. Espero que sea de su agrado.



--¿Cuánto pesa éste? -preguntó el cliente.

--Tres kilos -contestó el pollero sin dudarlo un instante.

Y entonces el cliente dijo:

--Bueno, me quedo con los dos.

*El Maestro dice: En un atolladero tal se halla todo aspirante espiritual cuando verdaderamente no se compromete con la Búsqueda.

23 de mayo de 2011

Existen...

Existen cinco cosas en la vida que no se recuperan:

Una piedra después de haber sido lanzada;

Una palabra, después de haber sido proferida;

Una oportunidad, después de haberse perdido;

El tiempo, después de haber pasado.

El amor por el que no se lucha"

21 de mayo de 2011

JOSEPH - Stoned age man (1970)

Persona non grata


En un vuelo de British Airways entre Johanesburgo y Londres, una señora blanca de unos cincuenta años se sienta al lado de un negro.
Llama a la azafata para quejarse:

- Cuál es el problema, señora? - pregunta la azafata.
- Pero no lo ve? - responde la señora- Me colocó al lado de un negro. No puedo quedarme al lado de estos "inmundos". Deme otro asiento.
- Por favor, cálmese. -dice la azafata- Casi todos los lugares de este vuelo están tomados. Voy a ver si hay algún lugar en clase ejecutiva o en primera

. La azafata se apura y vuelve unos minutos después.

- Señora -explica la azafata- como yo sospechaba, no hay ningún lugar vacío en clase económica. Hablé con el comandante y me confirmó que tampoco hay lugar en ejecutiva. Pero sí tenemos un lugar en primera clase.
Antes que la señora pudiese responder algo, la azafata continuó.

- Es totalmente inusitado que la compañía conceda un asiento de primera clase a alguien que está en económica, pero dadas las circunstancias, el comandante consideró que sería escandaloso que alguien sea obligado a sentarse al lado de una persona tan execrable...
Y, diciendo eso, la azafata mira al negro y dice:

- Si el señor me hiciera el favor de tomar sus pertenencias, el asiento de primera clase ya está preparado.

Y todos los pasajeros alrededor, que presenciaron la escena, se levantaron y aplaudieron por la actitud de la compañía.

17 de mayo de 2011

Rebaño de ovejas



Publicado por: César Páez González | Martes 18 Enero 2011

Al borde.


Lo dijo el científico Albert Einstein y es una frase que obliga a uno a pensar un poco: "Para ser miembro irreprochable de un rebaño de ovejas, primero hay que ser oveja". No admite discusión, a no ser que quiera ser del rebaño una cabra influyente, que quiera cambiar los estatutos.


También podría darse el caso de que se trate de una oveja de verdad, pero negra, y allí comienzan los problemas raciales o los preconceptos de alguien que se sale de las normas concebidas.


También se podría inventar algún recurso burocrático que diga que, para pertenecer a tal o cual rebaño, tiene que tener carnet habilitante.


Si se diera una credencial de oveja, hasta usted podría tener una y pasar por tal. Hasta podría ser un lobo e ingresar tranquilamente al corral. No resulta extraño entonces que haya una alerta roja en el rebaño por un lobo que se hace pasar por oveja sólo porque tiene un documento habilitante y quiere cambiar los estatutos.


No basta que uno, para ser oveja, tenga, digamos, que tener forma o aspecto de oveja. Basta que quiera pertenecer al rebaño. Para ello se podría habilitar una oficina para la inscripción, que incluya una pequeña clase magistral sobre cómo balar y consejos sobre en qué circunstancias es necesario callar para preservar la especie.


Es decir, que tendremos un grupo variopinto de animales que se hacen pasar por ovejas, sólo por decreto y porque llenaron el formulario. Hay que andar con cuidado, porque después va a ser muy difícil clasificarlos.


En la sociedad ocurre lo mismo, hay gente que quiere ser, o aparentar ser de tal rebaño o grupo social, y acorta camino para lograrlo, mediante recursos de toda índole. Primero insiste, si no lo dejan entrar busca algunos amigos influyentes, a otros los compra, y todos comienzan a hacer lobby para que el interesado ingrese al rebaño... de lo que sea.


Por eso el mundo anda como anda, mezclado y sin códigos. Esto pasa en la ética cotidiana, en la particular forma de comportarnos, pongamos por ejemplo en la ciudad, evitando las normas de lo que un rebaño exige: usar casco, no conducir en estado de ebriedad, respetar el semáforo, cuidar los derechos intelectuales evitando la piratería.


Y no falta quien diga, "pero si todo el mundo lo hace ¿yo voy a ser el único desubicado?" Excusas de todo calibre para eludir responsabilidades.


Hablo del rebaño de políticos, de hinchas de fútbol, de intelectuales, de artistas claqueros, de sindicatos de lo que sea, hasta de los códigos de los que viven en la calle. Todos poniendo sus trampas para pertenecer a tal o cual manada.


Pero resulta que al rebaño de la sociedad pertenecemos todos, nos guste o no, y debemos respetar los códigos. De lo contrario, sucede lo que está sucediendo en la realidad que estamos viviendo, que es esa línea continua de contravenciones. De prometer y no cumplir, de evitar las normas de seguridad, de ser propensos a los excesos, de fomentar la violencia, de reírnos de las buenas costumbres y en síntesis: no respetar.


Si usted no es oveja y quiere pertenecer al rebaño de dicha especie, haga por lo menos un esfuerzo de parecerse un poco. O inventemos una frase aleatoria. "Para ser miembro irreprochable de la humanidad, primero hay que ser humano". Dejo el tema porque se me está enredando un poco y ése es el peligro al que uno se expone en esta columna... siempre al borde.



Dedicado a mi amigo Manulondra, que me recordó la compleja frase de Albert Einstein.

16 de mayo de 2011

Soundgarden - Blow Up The Outside World [Studio Version]

Un día por otro

Viendo sus barbas ya muy crecidas, Tirso de la Avellaneda decidió dedicar una visita al barbero. Debido a su extrema sencillez en el vestir, el dueño de la barbería lo catalogó de inmediato de pobre infeliz por lo cual consideró que no era necesario dedicar mucho tiempo a su afeitado. Así que le encargó al aprendiz que se ocupase de aquel cliente, que demostraba claramente con su aspecto su baja categoría, y que terminase el servicio tan pronto como le fuera posible.
Obedeciendo el aprendiz las indicaciones de su amo, señaló a Tirso de la Avellaneda un asiento, pasó por su barba unos escasos brochazos con jabón de afeitar seguidos de unas cuantas pasadas de navaja, tal vez igual de escasas.
___Listo, señor!___le dijo el aprendiz, limpiando la navaja.
Tirso de la Avellaneda preguntó el precio del servicio y al saberlo pagó el doble, algo que sorprendió mucho tanto al barbero como a su aprendiz. Jamás habrían imaginado esta reacción de aquel cliente tan sencillo...

Al cabo de unos días, Tirso de la Avellaneda volvió a la barbería para requerir los servicios del barbero. En esta ocasión el dueño le ofreció inmediatamente uno de los mejores asientos y le atendió personalmente. Remojó y enjabonó su barba, pasó la brocha las veces necesarias para acondicionar el vello, y después de pasar repetidas veces la navaja por el afilador, le afeitó lo mejor posible, ni un ligero corte, y a la vez, esmerándose en no dejar un solo pelo sin afeitar. Al terminar, unas cuantas fricciones con una buena loción finamente perfumada.

Tirso de la Avellaneda dejó que el barbero terminara su trabajo silenciosamente. Cuando el servicio terminó, preguntó su precio y pagó su importe exacto, sin añadir ni una moneda más.

El barbero no dejó de manifestarle su sorpresa:
___¿Cómo es posible?___ Cuando os atendí de cualquier manera, os mostrásteis muy generoso, en cambio hoy que os he atendido con el mejor de los servicios, sois avaro.
___Hoy os he pagado el anterior servicio, y en aquella ocasión os pagué vuestras atenciones de hoy___respondió Tirso de la Avellaneda.


Adaptación de Albert Jané
Traducido del catalán por Gloriana

13 de mayo de 2011

La felicidad

Sé comprensivo con el joven,
compasivo con el anciano,
agradable con el oponente,
y tolerante con los que no piensan igual que tu.

Si piensas que todos están en tu contra,
recuerda que los aviones se elevan en contra del viento.

Ten presente que la felicidad se halla
a lo largo del camino,
no al final de la ruta.

Comparte con tu pareja
los momentos en donde aun te quede energía.
No le des los despojos del día.

No dejes de reír al envejecer,
envejeces al dejar de reír.

Quien te quiera realmente,
jamás se interpondrá en tu camino…
a menos que vayas cayendo cuesta abajo.

Los buenos modales son como el 0 en aritmética:
Acaso no representen mucho por si solos,
pero pueden aumentar considerablemente
el valor de todo lo demás.

La madurez es aquella edad
en que uno
ya no se deja engañar por si mismo.

La Fabrica que produce
el mejor producto
es el hogar.

La valentía no es el roble majestuoso
que ve ir y venir las tormentas;
es el frágil botón de una flor
que se abre en la nieve.

Los demás podrán dudar de tus palabras,
pero con seguridad,
creerán en tus acciones.

La música limpia el alma
del polvo cotidiano.
Trata de escucharla
por lo menos al final del día,
así disfrutaras de un dulce sueño.


Texto de una presentación (autor desconocido)

8 de mayo de 2011

Bus Stop- The Hollies - 1966

Cielo o infierno

Un día, mientras caminaba por la calle, un hombre de éxito, candidato a la presidencia de la República (el nombre es lo de menos), es trágicamente atropellado por un camión y muere. Su alma llega al paraíso y se encuentra en la entrada a San Pedro, en persona.

- Bienvenido al paraíso, le dice San Pedro. Antes de que te acomodes, parece que hay un problema. Verás, muy raramente un político importante ha llegado aquí y no estamos seguros de qué hacer contigo.

- No hay problema, déjame entrar, le dice el hombre.

- Bueno, me gustaría, pero tengo órdenes desde lo más alto. Lo que haremos será hacerte pasar un día en el infierno y otro en el paraíso, y luego podrás elegir donde pasar la eternidad.

- De hecho, ya lo he decidido. Prefiero estar en el paraíso, dice el candidato.

- Lo siento, pero tenemos nuestras reglas.

Y con esto San Pedro acompaña al candidato al ascensor y baja, baja hasta el infierno. Las puertas se abren y se encuentra justo en medio de un verde campo de golf. A lo lejos hay un club y de pie delante de el están todos sus amigos políticos que habían trabajado con él, todos vestidos con traje de noche y muy contentos. Corren a saludarlo, lo abrazan y recuerdan los buenos tiempos en los que se enriquecían a costa del pueblo. Juegan un agradable partido de golf y luego por la noche cenan juntos en el club, con langosta y caviar.

Se encuentra también al Diablo, que de hecho es un tipo muy simpático, y se divierte mucho contando chistes y bailando. Se está divirtiendo tanto que, antes de que se de cuenta, es ya hora de irse. Todos le dan un apretón de manos y lo saludan mientras sube al ascensor. El ascensor sube, sube, sube, y se reabre la puerta del paraíso donde San Pedro lo está esperando.

- Ahora es el momento de pasar al paraíso. Ahi el candidato pasa las 24 horas sucesivas pasando de nube en nube, tocando el arpa y cantando. Se divierte mucho y, antes de que se de cuenta, las 24 horas ya han pasado y San Pedro va a buscarlo.

- Entonces, has pasado un día en el infierno y otro en el paraíso. Ahora debes elegir tu eternidad. El Hombre reflexiona un momento y luego responde:

- Bueno, no lo habría dicho nunca, quiero decir, el paraíso ha sido precioso, pero creo que he estado mejor en el infierno. Así que San Pedro lo acompaña hasta el ascensor y otra vez baja, baja, baja, hasta el infierno. Cuando las puertas del ascensor se abren se encuentra en medio de una tierra desierta cubierta de porquería y desperdicios. Ve a todos sus amigos, vestidos con trapos, que están recogiendo los desperdicios y metiéndolos en bolsas negras. El Diablo lo alcanza y le pone un brazo en el cuello.

- No entiendo, balbucea el Candidato. Ayer estaba aquí y había un campo de golf y un club y comimos langosta y caviar y bailamos y nos divertimos mucho. Ahora todo lo que hay es una tierra desierta llena de desperdicios y mis amigos parecen unos miserables. El Diablo lo mira, sonríe y dice:

-Ayer estábamos en campaña. Hoy, ya votaste por nosotros...

ALAN PARSONS PROJECT "EYE IN THE SKY" (TRADUCCION)

3 de mayo de 2011

El diario perdido

Cuando se elige bajar por las escaleras sigilosamente, deprisa, y sin usar el ascensor para no hacer el más mínimo ruido, y al llegar al portal se mira a un lado y a otro de la acera, es porque se huye de algo. Yo escapaba de la probable aparición de mi vecina doña Filomena y del garantizado galimatías verborreico al que me sometía siempre que tenía ocasión, explicándome los ataques de pánico que le ocasionaba a ella su pobre hijo sonámbulo, entrando cuando menos se lo esperaba en su habitación mientras dormía. ¡Aceras libres de vecinas “pegamento”! Así que, bastante aliviada, crucé la calle dirigiéndome a los jardines públicos situados enfrente de mi edificio para leer mi nueva novela sentada en cualquier banco de madera que se encontrase disponible.

Sólo uno de los bancos estaba ocupado por cuatro amigas sesentonas que charlaban por lo bajini de sus cosas. Mi llegada les pasó casi inadvertida. Continué caminando y a la vez descartando los asientos en los que aún daba el sol de la tarde, cuando advertí que encima de uno de los bancos, alguien había olvidado un cuaderno. Elegí sentarme allí para proceder a mi lectura, supongo que atraída por la curiosidad de hojear aquel manuscrito que no había previsto encontrar. Era un diario. Ya a la primera página descubrí que estaba escrito por una mujer cercana a los treinta, igual que yo. Lo cerré, y miré a mi alrededor. Las cuatro amigas seguían charlando, y ahora se las escuchaba reír. ¿Quién demonios habría olvidado aquel diario? ¿Volvería a por él en cualquier momento y me encontraría husmeando en sus páginas?
La tentación me pudo. Mi novela pasó a un último plano, así que la dejé a un lado y me entregué por completo a la lectura del diario, hasta que una pelota de redonditas verdes y naranjas chocó contra mi pierna avisándome así, que el parque estaba mucho más concurrido que cuando llegué para pasar la tarde; también me percaté de que habían transcurrido casi dos horas desde que había empezado a ser intrusa de aquellas vivencias ajenas.

De nuevo observé si a mi alrededor podía hallarse la autora de aquel manuscrito, y nadie respondía a aquel perfil. Seguí con mi lectura, y a medida que iba pasando las páginas, me daba cuenta de lo feliz que era y del bienestar que gozaba comparado con el de la protagonista de la historia real que me daba a conocer a través de su diario. Yo disfrutaba de buena salud, y mi trabajo me permitía vivir en un piso en el centro y tomarme unas cortas vacaciones cada verano. Tenía pocos amigos, pero leales. No tenía pareja, aunque tampoco había sido abandonada y no había perdido a ningún hijo. Mi visión de la vida cambiaba a medida que seguía con la lectura y conocía la existencia de aquella mujer e iba traduciendo su inanición de amor a través de su relato, escrito hacía relativamente poco tiempo y ahora olvidado, quizás adrede, en aquel banco.

Cuando llegué a la última página del diario ya oscurecía. Me sentí angustiada por las penas de su autora, y a la vez, egoístamente satisfecha de mí misma, al ser consciente de mi suerte en la vida. Me levanté del banco entumecida, recogí mi novela y el cuaderno, y empecé a andar de vuelta a casa. Me detuve a los pocos pasos. ¿Volvería la autora para recoger su diario? ¿ Si volvía a colocarlo adonde lo encontré, caería en otras manos que no fuesen las suyas? Opté por dejar el cuaderno donde lo había encontrado; me sentí obligada a devolverlo al destino que lo había puesto en mis manos, y que él decidiese a quien tenía que entregarlo de nuevo.

Las luces del portal de mi casa estaban encendidas; me dirigí al ascensor. Allí me abrió la puerta, cediéndome el paso mostrando una amable sonrisa, mi querida vecina doña Filomena...


Gloriana


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1 de mayo de 2011

Serena tu mente

Serena tu mente.


Nuestra salud física y emocional se ve afectada por lo que decidimos: comer, respirar, beber, pensar, ¡e incluso sentir! Nuestras emociones dependen en gran medida de nuestras premisas intelectuales: lo que Serena tu mente.


creemos o no creemos, los pensamientos que elaboramos, las palabras que decimos, las acciones que realizamos...

Como decía Montaigne, “acumulamos cosas que nos roban tranquilidad y nos dan horas de un trabajo desagradable”: los malos rollos en las relaciones, el aburrimiento, la tristeza y las frustraciones..., nos ocasionan dolores psicosomáticos y nos dejan sin energía. Y es que olvidamos que el cuerpo es la casa en la que habita nuestra alma.

La sociedad actual basa la felicidad en la acumulación de bienes materiales ( a menudo, innecesarios ) y potencia la competitividad, la notoriedad personal y el egocentrismo, dejando a un lado los aspectos emocionales de las personas.

Aprender a serenarnos y tranquilizarnos es fundamental. No podemos pasarnos los días hechos un manojo de nervios, inquietos e insatisfechos permanentemente, salvo que no nos importe acabar enfermos física, mental y emocionalmente. Se impone, por tanto, un poco de sentido común.


Acepta la diversidad.
Incluso la que hay en ti mismo. Tus prioridades pueden cambiar en función del momento y las circunstancias; las del otro, también. Sé tolerante contigo y con los demás. No te desesperes con los cambios. Si la naturaleza nos ha hecho tan volubles, por algo será.

Cuida lo que dices.
Las palabras poseen una gran fuerza, crean mundos, realidades y, sobre todo, emociones. Con las palabras podemos salvar a alguien, hacerle sentirse bien, transmitirle nuestro apoyo. Pero, ¡ojo! También son un arma de doble filo y en momentos de exaltación sirven para decir cosas que realmente no sentimos. Por eso, utilizarlas correctamente depende de ti.

Da la importancia real.
Tomarse la vida muy a pecho nos hace sentir vulnerables y nos impide relacionarnos con naturalidad. Da a las cosas la importancia que realmente merecen, pero no más.

No hagas suposiciones.
Los malentendidos crean malos rollos innecesarios con la gente, por eso siempre hay que intentar aclararlos cuanto antes. “Rumiar” y dar vueltas en nuestra cabeza a un problema lo engrandece todavía más. Si fomentas la comunicación y la sinceridad con las personas que te rodean, disfrutarás de unos lazos de unión sólidos y perdurables.

No quieras controlarlo todo.
Pretender controlar todos los aspectos de tu vida y realizar demasiadas actividades al mismo tiempo es imposible. Tienes que establecer prioridades y centrarte delimitando las tareas que puedes hacer. Hay que aceptar que somos humanos y limitados y que, por tanto, no gozamos del don de la ubicuidad.

Colorea tu vida.
Los colores influyen extraordinariamente en el estado de ánimo. Los rojos son más excitantes, los grises resultan más tristes. Puedes recurrir a los tonos pasteles para decorar tu casa, son muy relajantes y acogedores.

Concluye los asuntos pendientes.
Tienes que esforzarte en acabar lo que empiezas, pues las cuestiones pendientes pesan en el ánimo. La sensación de misión cumplida resulta tremendamente liberadora.

Da lo mejor de ti.
Tener espíritu de superación mantiene vivas las ilusiones y las esperanzas. Por eso, debes hacer siempre lo máximo y lo mejor que puedas. Proyectar lo que te gustaría hacer con tu vida y luchar por ello es una manera saludable de acabar con la estresante rutina.