5 de julio de 2026

Altafulla / Green Valley, ROWSI

 


Cosa de niños

Cuenta una leyenda budista que un anciano maestro había abandonado la ciudad para dar un tranquilo paseo por unos campos llenos de cerezos en flor. Las ramas de los árboles se inclinaban majestuosas sobre el camino y el anciano iba absorto en sus meditaciones. De pronto, apareció ante él Angulimal, un bandido famoso en aquella comarca, que estaba dispuesto a robarle todo lo que llevaba y acabar con él. Entonces, el sabio le dijo: "Antes de matarme, solo te pido que me ayudes a cumplir dos últimos deseos". Angulimal le preguntó cuál era el primero, a lo que el sabio respondió: "Corta, por favor, una rama en flor de ese cerezo". Con un golpe de espada, el bandido hizo lo que le pedía, arrojando la rama a los pies de su víctima, que había empezado a rezar. "Mi segundo deseo es que ahora vuelvas a poner la rama en el árbol, para que siga floreciendo", le dijo. "Debes de estar loco, si crees que eso es posible", le dijo Angulimal. "Al contrario. El loco eres tú que te crees poderoso porque puedes herir y destruir. Eso es cosa de niños. El poderoso de verdad es aquel que sabe crear, dar vida y curar". El bandido se sorprendió mucho ante aquella respuesta, ya que se dio cuenta de que el sabio tenía razón, porque la violencia es el recurso de los incompetentes.

4 de julio de 2026

El perro de pelea

Una familia adoptó varios perros cuando eran cachorros y, durante su crianza, se dieron cuenta de que uno destacaba por encima de los demás. Decidieron alimentarlo bien y adiestrarlo para que espantara a los animales salvajes que merodeaban por los alrededores de la casa. El animal creció y se hizo fuerte, y cumplió su labor de mantener alejadas a las peores bestias que podáis imaginar a cambio de sentirse cada vez más agobiado. Un día, al ver cómo se acercaban de nuevo animales, no pudo más y salió corriendo, desesperado, hasta llegar al pueblo más cercano. Allí lo vieron pasar unos perros callejeros que, cuando se detuvo, se acercaron llenos de curiosidad: "Con lo robusto que eres, ¿por qué corres de esta manera tan descontrolada?". El perro les respondió: "Sé que tengo un físico envidiable y que vivo en la abundancia, pero también os digo que siempre estoy cerca de la muerte y tengo que enfrentarme a osos y animales feroces de todo tipo". Entonces, los canes le dijeron: "Puede que nosotros seamos enclenques y que nuestra vida sea más pobre, pero en el fondo es más feliz porque no tenemos que pensar en combatir fieras". Y es que, en la vida, como le ocurría a este perro, disfrutar de grandes ganancias y muchas riquezas supone también enfrentarse a grandes riesgos.

3 de julio de 2026

La apuesta del califa

Hace muchos años vivía un califa avaro y cruel que sentía pasión por las apuestas. Una mañana, al salir a uno de los patios, vio una pila de ladrillos y gritó: "Apuesto a que nadie es capaz de transportar estos ladrillos con sus manos de un lado al otro del patio antes de que el sol se ponga". Un joven albañil le preguntó por el premio y el califa le respondió que le daría 10 tinajas de oro. "¿Y si no lo consigo?", quiso saber el albañil. "Entonces, te cortaré la cabeza". Tras dudar unos minutos, el joven le dijo que aceptaba pero con una condición: "Podrás detener el juego en cualquier momento y, si lo haces, solo me darás una tinaja de oro".

Tras unas horas, el albañil solo había transportado una pequeña parte de los ladrillos y, sin embargo, sonreía. "¿Por qué sonríes? No vas a ganar", le dijo el califa. "Te equivocas. Has olvidado algo muy sencillo y por eso venceré", le contestó el joven. Preocupado, el califa empezó a dudar y decidió detener la apuesta, con lo que el albañil ganó una tinaja de oro.

Reconociéndose perdedor, le preguntó al joven qué se le había olvidado. "Te has olvidado de lo más sencillo, de que podías perder la confianza en ti mismo y sin esa virtud sabía que acabarías deteniendo la apuesta y yo ganaría mi tinaja". Y es que, sin confianza, hasta el más pintado acaba fracasando.