4 de junio de 2020
3 de junio de 2020
5 de mayo de 2020
La calle de las Camelias
Me abandonaron en la calle de las Camelias, al pie de la verja de un jardín.
El sereno me descubrió de madrugada. Y los señores de la casa me aceptaron, aunque dicen que de momento no sabían qué hacer: si quedarse conmigo o entregarme a las monjas.
Por lo visto mi forma de reir los cautivó y, como ya eran mayores y no tenían hijos, me recogieron.
El señor me cogió, tan sucia como estaba , con el papelito prendido aún al babero y me llevó a ver las flores: "Mira los claveles -aseguran que decía- mira las rosas, mira mira". Pues era primavera y todo estaba florido.
Pero lo más extraordinario fue que aquella noche floreció el cacto sin tierrra.
Fuera, en el jardín de la parte de atrás había una pared desconchada, de la que el enlucido caía a pedazos ,formando como burbujas, ya que por debajo las cochinillas trabajaban en la formación de madrigueras.
Al pie de esa pared, cubierta de rosales ,blancos, crecía un cacto gigante. Un invierno de nieve la tierra se heló y el cacto se secó de mitad para abajo ,en tanto que de mitad para arriba siguió verde porque, como a escondidas, había ido arraigando en una grieta de aquella pared llena de rosales, y aquellas raíces se alimentaban de los ladrillos y la vieja mezcla, que daban vida al cacto que crecía para arriba, hasta rebasar la pared, como queriendo curiosear en el jardín de al lado.
Y allí, en todo lo alto, la noche del día en que me encontraron, surgió una flor de hojas como oxidadas por la parte de atrás y blancas como la leche más al interior.
Pero lo mas hermoso es que aquella flor parecía dormir de día y tan sólo se abría una vez al año, siempre coincidiendo con la fecha que me encontraran . Y todos los vecinos acudían a verla y tenían que apresurarse: tan efímera era...
Mercé Rodoreda
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El sereno me descubrió de madrugada. Y los señores de la casa me aceptaron, aunque dicen que de momento no sabían qué hacer: si quedarse conmigo o entregarme a las monjas.
Por lo visto mi forma de reir los cautivó y, como ya eran mayores y no tenían hijos, me recogieron.
El señor me cogió, tan sucia como estaba , con el papelito prendido aún al babero y me llevó a ver las flores: "Mira los claveles -aseguran que decía- mira las rosas, mira mira". Pues era primavera y todo estaba florido.
Pero lo más extraordinario fue que aquella noche floreció el cacto sin tierrra.
Fuera, en el jardín de la parte de atrás había una pared desconchada, de la que el enlucido caía a pedazos ,formando como burbujas, ya que por debajo las cochinillas trabajaban en la formación de madrigueras.
Al pie de esa pared, cubierta de rosales ,blancos, crecía un cacto gigante. Un invierno de nieve la tierra se heló y el cacto se secó de mitad para abajo ,en tanto que de mitad para arriba siguió verde porque, como a escondidas, había ido arraigando en una grieta de aquella pared llena de rosales, y aquellas raíces se alimentaban de los ladrillos y la vieja mezcla, que daban vida al cacto que crecía para arriba, hasta rebasar la pared, como queriendo curiosear en el jardín de al lado.
Y allí, en todo lo alto, la noche del día en que me encontraron, surgió una flor de hojas como oxidadas por la parte de atrás y blancas como la leche más al interior.
Pero lo mas hermoso es que aquella flor parecía dormir de día y tan sólo se abría una vez al año, siempre coincidiendo con la fecha que me encontraran . Y todos los vecinos acudían a verla y tenían que apresurarse: tan efímera era...
Mercé Rodoreda
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4 de mayo de 2020
23 de abril de 2020
A propósito de pasar página
Pasar página significa ver todo con otros ojos, rompiendo patrones de pensamiento cristalizados y también caducos; significa mirar al otro como si fuera la primera vez; significa redescubrir muchas cosas: la belleza del amanecer y del anochecer, el cielo azul, el sol que nos calienta, el bellísimo contraste de la naturaleza bañada por el sol, el heroísmo que existe en el mundo (si, es cierto que hay mucha traición, pero también hay innumerable nobleza y heroísmo).
Significa decirse a uno mismo: el mundo comienza hoy, mi nueva vida comienza ahora, el futuro es una página abierta, llena de potencial. Decirse a uno mismo: el equilibrio, la calma, la ecuanimidad, sólo dependen de mi. Decirse a uno mismo: no importa que haya pasado de los cincuenta o de los sesenta o de los setenta, pues la vida empieza ahora, en toda su dimensión y belleza, como un milagro que se recrea cada vez.
Pasar página requiere dar la espalda a todo lo que atasca. A las murmuraciones y rumores, a las maledicencias, a las conversaciones vanas y estériles, a las actividades que no aportan nada al alma, a todo aquello que niega nuestra realidad superior, nuestro ser, y en cambio abona nuestra personalidad, nuestro ego, cuyas manifestaciones más zafias son realmente zafias.
Significa no recrearse en aquel o en aquella que nos hicieron daño, sino simplemente entender que aquel daño fue fruto de su ignorancia o de la nuestra, merecedora de compasión, pues todo vuelve, sin remisión.
Significa empezar a entender nuestra doble realidad como alma y personalidad, que necesitan ser integradas aquí en esta vida, para lo cual no tiene sentido renunciar a la materia (que es nuestro vehículo) sino habitarla en el mayor equilibrio para que algún día el espíritu se manifieste pleno también aquí en la tierra.
Significa intentar huir de todo lo que contamina y emborrona, de lo que nos densifica, de todo aquello que nos ata a la tierra sin permitir que despleguemos nuestra capacidad innata.
Pasar página significa superar el pasado. Es fundamental superarlo para no seguir atascados. Hay que retener las enseñanzas del pasado para no tropezarse de nuevo en la misma piedra, pero es muy importante arrinconar definitivamente las injusticias, cuitas, infidelidades que hemos recibido y que también hemos emitido al lugar de nuestra mente en el que deben estar: desde luego no en primera línea, prontas a ponerse en la mesa. Y si el pasado se recrea, que sea con la máxima limpieza y ecuanimidad: para proponer justicia y nunca venganza o revancha. Como ejercicio higiénico para poder empezar de nuevo.
Estamos viviendo los hermosos días del verano, los más largos del año, que nos regalan sus calores y sus brisas, sus cielos despejados y generosos. Muchos de estos días los perdemos en insultos, en ofuscaciones y odios.
Este escape energético es un desperdicio colosal y somos los primeros damnificados. Nos autolesionamos de continuo. No tiene ningún sentido. Por eso es tiempo de mirar adelante sin engancharse en el pasado, en todos los ámbitos, para escribir en un papel limpio y blanco, intentando que sea con buena letra y la mejor disposición.
Todos y cada uno de nosotros necesitamos pasar una o muchas páginas. Esto requiere valentía y desapego. Pero es el único camino para empezar a vivir despiertos, desde la mayor consciencia. Y estar despiertos significa aumentar nuestra capacidad de percepción para ver más allá de lo aparentemente visible. Supone empezar a escuchar y entender otros mensajes que proceden de un mundo mucho más sutil. Y supone también que somos responsables de la energía que emitimos y que tenemos que estar a la altura de los tiempos.
Leo en “las hojas del jardín de Morya” acerca de las páginas que nos depara el futuro, y con esa idea presente en la cabeza empiezo este día lleno de posibilidad y de armonía con ese hermoso objetivo de trabajar en sosiego y en paz.
9 de abril de 2020
Melancolía
Tarde tranquila, casi
con placidez de alma,
para ser joven, para haberlo sido
cuando Dios quiso, para
tener algunas alegrías... lejos,
y poder dulcemente recordarlas.
Antonio Machado
con placidez de alma,
para ser joven, para haberlo sido
cuando Dios quiso, para
tener algunas alegrías... lejos,
y poder dulcemente recordarlas.
Antonio Machado
18 de marzo de 2020
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