12 de abril de 2011
El rey ciclotímico
Había una vez un rey muy poderoso que reinaba un país muy lejano. Era un buen rey. Pero el monarca tenía un problema: era un rey con dos personalidades.
Había días en que se levantaba exultante, eufórico, feliz. Ya desde la mañana, esos días aparecían como maravillosos. Los jardines de su palacio le parecían más bellos.
Sus sirvientes, por algún extraño fenómeno, eran amables y eficientes esas mañanas.
En el desayuno confirmaba que se fabricaban en su reino las mejores harinas y se cosechaban los mejores frutos.
Esos eran días en que el rey rebajaba los impuestos, repartía riquezas, concedía favores y legislaba por la paz y por el bienestar de los ancianos. Durante esos días, el rey accedía a todos los pedidos de sus súbditos y amigos.
Sin embargo, había también otros días..Eran días negros. Desde la mañana se daba cuenta de que hubiera preferido dormir un rato más. Pero cuando lo notaba ya era tarde y el sueño lo había abandonado.
Por mucho esfuerzo que hacía, no podía comprender por qué sus sirvientes estaban de tan mal humor y ni siquiera lo atendían bien. El sol le molestaba aun más que las lluvias. La comida estaba tibia y el café demasiado frío. La idea de recibir gente en su despacho le aumentaba su dolor de cabeza.
Durante esos días, el rey pensaba en los compromisos contraídos en otros tiempos y se asustaba pensando en cómo cumplirlos. Esos eran los días en que el rey aumentaba los impuestos, incautaba tierras, apresaba opositores...
Temeroso del futuro y del presente, perseguido por los errores del pasado, en esos días legislaba contra su pueblo y su palabra más usada era NO.
Consciente de los problemas que estos cambios de humor le ocasionaban, el rey llamó a todos los sabios, magos y asesores de su reino a una reunión.
—Señores –les dijo— todos ustedes saben acerca de mis variaciones de ánimo. Todos se han beneficiado de mis euforias y han padecido mis enojos. Pero el que más padece soy yo mismo, que cada día estoy deshaciendo lo que hice en otro tiempo, cuando veía las cosas de otra manera.
Necesito de ustedes, señores, que trabajéis juntos para conseguir el remedio, sea brebaje o conjuro que me impida ser tan absurdamente optimista como para no ver los hechos y tan ridículamente pesimista como para oprimir y dañar a los que quiero.
Los sabios aceptaron el reto y durante semanas trabajaron en el problema del rey.
Sin embargo todas las alquimias, todos los hechizos y todas las hierbas no consiguieron encontrar la respuesta al asunto planteado.
Entonces se presentaron ante el rey y le contaron su fracaso.
Esa noche el rey lloró.
A la mañana siguiente, un extraño visitante le pidió audiencia..Era un misterioso hombre de tez oscura y raída túnica que alguna vez había sido blanca.
—Majestad –dijo el hombre con una reverencia—, del lugar de donde vengo se habla de tus males y de tu dolor. He venido a traerte el remedio.
Y bajando la cabeza, acercó al rey una cajita de cuero.
El rey, entre sorprendido y esperanzado, la abrió y buscó dentro de la caja. Lo único que había era un anillo plateado.
—Gracias –dijo el rey entusiasmado— ¿es un anillo mágico?
—Por cierto lo es –respondió el viajero—, pero su magia no actúa sólo por llevarlo en tu dedo...
Todas las mañanas, apenas te levantes, deberás leer la inscripción que tiene el anillo. Y recordar esas palabras cada vez que veas el anillo en tu dedo.
El rey tomó el anillo y leyó en voz alta:
Debes saber que ESTO también pasará.
8 de abril de 2011
Valora lo importante
A veces los árboles no nos dejan ver el bosque. Y, ansiosos por atender todas las exigencias de la vida, nos dejamos arrastrar por lo inmediato descuidando lo importante. Sin embargo, para lograr una vida plena, con equilibrio, no hay que descuidar lo importante, aunque no parezca urgente, porque los objetivos no se consiguen realizando las cosas urgentes, sino, precisamente, las importantes.
¿Qué es lo más importante para ti? Para algunas personas, la familia y los amigos, pero luego no les dedican el tiempo que les gustaría. Otros quieren mantenerse en forma, pero no pueden o no consiguen acomodar el ejercicio a su horario.
Si sientes que la vida se te escapa como agua entre los dedos, es hora de que reflexiones sobre lo siguiente: ¿Qué puedes hacer que no haces ahora y que si hicieras regularmente representaría una tremenda diferencia positiva en tu vida personal?
Establecer prioridades:
La clave para controlar lo urgente y centrarse de verdad en lo importante es saber cuáles son las propias prioridades. Así que, antes de que comiences a hacer una tarea, tómate un momento de reflexión para establecer la prioridad real. Otras personas de tu entorno pueden requerir que hagas algo de forma inmediata, pero solo tú puedes determinar qué debe hacerse primero. No puedes hacer todo a la vez, así que debes otorgar preferencia a cada cosa. Empieza por elaborar una lista de prioridades en un lugar tranquilo y sin distracciones:
1- Escribe todo lo que te resulte importante en este momento de tu vida y quieras conseguir. No dudes en ser sincero contigo mismo y piensa en la gente a la que quieres, pero sobre todo en ti (recuerda que si tú estás bien, ellos también lo estarán).
2- Revisa la lista unas horas después o al día siguiente. Tacha lo que tras una segunda lectura no te parezca tan importante y combina elementos parecidos. Reduce la lista.
3- Guarda la lista y sácala al día siguiente y al otro, simplificándola lo máximo. Si crees que algo no es crucial, seguro que no lo es, así que elimínalo.
4- Crea tu lista con las prioridades de cada momento. Con el paso del tiempo algunas cosas pueden ser modificadas. Las prioridades se basan en lo que resulta importante en un momento determinado de tu vida, y cómo ésta cambia, es normal que lo hagan también algunas prioridades.
Si sientes que la vida se te escapa como agua entre los dedos, es hora de que reflexiones sobre lo siguiente: ¿Qué puedes hacer que no haces ahora y que si hicieras regularmente representaría una tremenda diferencia positiva en tu vida personal?
Establecer prioridades:
La clave para controlar lo urgente y centrarse de verdad en lo importante es saber cuáles son las propias prioridades. Así que, antes de que comiences a hacer una tarea, tómate un momento de reflexión para establecer la prioridad real. Otras personas de tu entorno pueden requerir que hagas algo de forma inmediata, pero solo tú puedes determinar qué debe hacerse primero. No puedes hacer todo a la vez, así que debes otorgar preferencia a cada cosa. Empieza por elaborar una lista de prioridades en un lugar tranquilo y sin distracciones:
1- Escribe todo lo que te resulte importante en este momento de tu vida y quieras conseguir. No dudes en ser sincero contigo mismo y piensa en la gente a la que quieres, pero sobre todo en ti (recuerda que si tú estás bien, ellos también lo estarán).
2- Revisa la lista unas horas después o al día siguiente. Tacha lo que tras una segunda lectura no te parezca tan importante y combina elementos parecidos. Reduce la lista.
3- Guarda la lista y sácala al día siguiente y al otro, simplificándola lo máximo. Si crees que algo no es crucial, seguro que no lo es, así que elimínalo.
4- Crea tu lista con las prioridades de cada momento. Con el paso del tiempo algunas cosas pueden ser modificadas. Las prioridades se basan en lo que resulta importante en un momento determinado de tu vida, y cómo ésta cambia, es normal que lo hagan también algunas prioridades.
4 de abril de 2011
Disfruta de lo sencillo
Ser consciente de los deleites sencillos y sensuales con los que nos regala la vida remueve y renueva el alma y el cuerpo. Para aumentar la conciencia del placer es útil pasar revista al final del día, preguntándote: “¿De qué he gozado hoy?”. No dejes de hacerlo: al repasar los pequeños y grandes placeres que hemos tenido, descubrimos que son muchos más de los que pensamos; desde ese alto en la mañana para paladear una naranja exquisita, hasta la sonrisa cómplice que nos mandó el compañero o compañera que nos gusta o el olor del pastel que nos había preparado mamá.
El placer consciente tiene mucha importancia porque desarrolla en nosotros la idea de que el mundo es un lugar hermoso donde vale la pena vivir, nos produce sentimientos de abundancia, de gratitud y de ser merecedores de lo que nos da la vida. Y disuelve las creencias limitadoras, del estilo de “esto es un valle de lágrimas”, “hay que ganar todo con esfuerzo” o “la letra con sangre entra”.
Concentrarse en el “aquí y ahora”
Estamos tan habituados a los prodigios de cada día que no reparamos en ellos. Para disfrutar de algo plenamente, es vital que nuestra atención esté “aquí y ahora”.
Además:
Haz lo que te gusta. Elige tu propia música, lee tus libros preferidos, pasea cada día. Apúntate a un curso para desarrollar esa afición que te hace sentir a gusto contigo mismo. Por cortesía o por las circunstancias, desistimos a menudo de hacer lo que nos gusta y realmente queremos. Dedica más tiempo a las cosas que te procuran placer.
Interésate por todo.
La curiosidad por lo que nos rodea nos permite descubrir cosas fascinantes, infinidad de pequeños goces para disfrutar: el olor de un árbol en flor, el sonido de una voz que llega al corazón, el calor de tu hogar cuando llegas del trabajo.
Llénate de sensaciones.
Percibe la temperatura del aire que roza tu piel, el tacto envolvente de la ropa, las formas de las cosas que tocas, la consistencia del suelo que pisas y la textura de los alimentos que pruebas. Además de ofrecerte infinidad de pequeños placeres, te ayudará a conocer mejor lo que prefieres y rechazas.
Reenfoca tu atención.
Para disfrutar de algo plenamente, resulta vital que tu atención no esté dividida o dispersa, sino concentrada en una sola cosa: aquí y ahora. Si escuchas música, haz sólo eso y abandónate; si comes, céntrate y disfruta de los sabores que percibe tu paladar...
2 de abril de 2011
Las tres cabras
Una vieja historia rusa habla de un campesino acosado por las dificultades y con muchos hijos a su cargo...Tras repetidas sequías y prácticamente sin ningún medio económico para salir adelante, pensó seriamente en quitarse la vida...
__¡La vida es insoportable, no merece la pena vivirla, es insufrible!__le contó al sabio de la montaña.
__Cómprate una cabra y llévala a vivir a tu casa. Hazlo como te digo y ven a verme la próxima semana__le aconsejó el sabio.
Y al cabo de siete días, el campesino volvió:
__Ahora me va aún peor. La vida es más insoportable que antes. No me es posible vivir con una cabra.
__Cómprate entonces una segunda cabra__le dijo el sabio__. Ten las dos en casa y ven a verme en una semana.
Y al cabo de aquella semana:
__Voy de mal en peor. Estoy más angustiado y más resentido que nunca. El ambiente se ha hecho irrespirable con las dos cabras. ¿Qué puedo hacer?
__Mete en tu propia casa una tercera cabra__le respondió el sabio__y ven a verme la semana que viene.
Y transcurrido ese tiempo el hombre volvió:
__Estoy desesperado. Esto no puede continuar así.
__Vende entonces una de las tres cabras__le dijo el sabio__y pasa a verme la próxima semana.
Y una semana después:
__Estamos mejor...Al menos un poco más aliviados.
__Sigue vendiendo__le aconsejó el sabio__De las dos cabras que te quedan, vende una y quédate sólo con la otra.
Y a la semana siguiente:
__Se lleva mejor vivir con una sola cabra__le comentó.
__Entonces véndela y vuelve en siete días__le respondió.
Y al cabo de siete días:
__¡Qué felicidad y qué tranquilidad se respira en casa! Qué maravilla estar sin cabras. Qué gusto. Esto es vida.
Verdaderamente la vida es preciosa__concluye la historia__y no hay por qué hacer seis viajes a la montaña para darnos cuenta al final de que ya teníamos lo necesario, lo que tanto anhelábamos.
12 de marzo de 2011
Conquista tu paz interior
Conocerse y afrontar la vida con paz y serenidad son los pasos previos para crecer intelectual y emocionalmente. Así podrás mantener una autoestima sana, que te permita disfrutar con todo lo que te rodea.
Anota lo que te inquieta
En primer lugar, apunta en un papel todo aquello que te produce inquietud, desasosiego e incluso enfado. Muchas veces almacenamos en nuestro interior fracasos, complejos o inseguridades que son la causa de nuestra falta de paz.
Cura antiguas heridas
Una vez que tengamos claro donde está el problema, hay que ponerle remedio. En ocasiones, hará falta la ayuda de un profesional, pero en otras sólo tendremos que mirar lo que nos preocupa desde otra perspectiva o solucionar las cosas hablando (la falta de comunicación es el origen de muchos conflictos internos).
Márcate un objetivo
Piensa como quieres ser dentro de unos años o qué te gustaría estar haciendo. Tener una meta en la vida da sentido a todo lo que hacemos. No saber hacia dónde van nuestros pasos acaba provocando angustia y sensación de vacío.
No sufras por el futuro
Aunque ya tengas claro qué quieres hacer el día de mañana, vive en el presente. Pensar en el futuro no significa instalarse en él. En el fondo, el futuro es incierto, no existe, y estar demasiado pendiente de él nos resta fuerzas, somos menos eficaces y también menos felices. Lo único que tienes es el momento presente, así que ¡disfrútalo!.
Ten afán de superación
Proponte hacer todo lo bien que puedas aquello que ocupe tu tiempo. Intenta superarte un poco cada día, en cualquier aspecto de tu vida, aunque, eso sí, sin inútiles perfeccionismos que sólo nos llenan de frustración. Ya sabes que lo perfecto es enemigo de lo bueno.
Anota lo que te inquieta
En primer lugar, apunta en un papel todo aquello que te produce inquietud, desasosiego e incluso enfado. Muchas veces almacenamos en nuestro interior fracasos, complejos o inseguridades que son la causa de nuestra falta de paz.
Cura antiguas heridas
Una vez que tengamos claro donde está el problema, hay que ponerle remedio. En ocasiones, hará falta la ayuda de un profesional, pero en otras sólo tendremos que mirar lo que nos preocupa desde otra perspectiva o solucionar las cosas hablando (la falta de comunicación es el origen de muchos conflictos internos).
Márcate un objetivo
Piensa como quieres ser dentro de unos años o qué te gustaría estar haciendo. Tener una meta en la vida da sentido a todo lo que hacemos. No saber hacia dónde van nuestros pasos acaba provocando angustia y sensación de vacío.
No sufras por el futuro
Aunque ya tengas claro qué quieres hacer el día de mañana, vive en el presente. Pensar en el futuro no significa instalarse en él. En el fondo, el futuro es incierto, no existe, y estar demasiado pendiente de él nos resta fuerzas, somos menos eficaces y también menos felices. Lo único que tienes es el momento presente, así que ¡disfrútalo!.
Ten afán de superación
Proponte hacer todo lo bien que puedas aquello que ocupe tu tiempo. Intenta superarte un poco cada día, en cualquier aspecto de tu vida, aunque, eso sí, sin inútiles perfeccionismos que sólo nos llenan de frustración. Ya sabes que lo perfecto es enemigo de lo bueno.
La flor de la honestidad
Se cuenta que allá por el año 250 a.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.
Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración y sin poder creerlo le preguntó:
- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.
Y la hija respondió:
- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:
- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.
Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.
Finalmente llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven sería su futura esposa.
Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.
Entonces, con calma el príncipe explicó:
- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: LA FLOR DE LA HONESTIDAD. Todas las semillas que entregué eran estériles
Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.
Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración y sin poder creerlo le preguntó:
- ¿Hija mía, que vas a hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura.
Y la hija respondió:
- No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz.
Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío:
- Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China.
La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc.
El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido. Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo.
Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado. Consciente de su esfuerzo y dedicación, la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.
En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella.
Finalmente llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención. Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven sería su futura esposa.
Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones. Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada.
Entonces, con calma el príncipe explicó:
- Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: LA FLOR DE LA HONESTIDAD. Todas las semillas que entregué eran estériles
7 de marzo de 2011
Desde la ventana
Una noche en la que el calor era insoportable, sin la más leve brisa que entrara por las ventanas abiertas y con el termómetro marcando los mismos grados que durante el dia, Raquel se levantó incapaz de conciliar el sueño y, mientras bebía un vaso de agua junto a la puerta que daba al jardín, vio una luz, dudando entre lucir más o apagarse del todo, en lo alto de una de las casas del fondo de la calle.
La reconfortó saber que ella no era la única que estaba sin dormir y, quizá por eso, las noches siguientes, desvelada y agotada por la ola de calor que parecía no tener fin, se fijaba de nuevo en aquella ventana.
Como si desde allí también le prestaran atención, la luz, que en un principio se encendía con timidez, fue expandiéndose hasta permitir ver con claridad el contorno de la ventana, la pared que la rodeaba y el interior. A pesar de la distancia, la joven observaba en busca de quien, como ella, permanecía en vigilia.
Aprovechaba las primeras horas del día, cuando soplaba una leve brisa que hacía descender algo el mercurio del termómetro, para conciliar el sueño y se levantaba cuando su familia estaba a punto de regresar a casa de sus obligaciones. Ese verano sin un lugar adonde escapar de vacaciones con sus amigos y sin una ocupación se le estaba haciendo insoportable.
Descubrir la ventana le sirvió de distracción. Raquel esperaba entre las sombras del salón a que todos durmieran, entonces, al pisar la hierba alumbrada por la luna, una luz, noche tras noche, iluminaba el desván de la casa del fondo de la calle.
El convencimiento de que tras aquella ventana alguien estaba pendiente de ella la llevó a intentar comunicarse: agitó los brazos y saltó sin obtener respuesta. Luego tuvo otra idea: pulsó varias veces el interruptor del salón dejando que la luz saliera por la puerta y las ventanas, una vez sí y otra no. Descubrió que, al mismo ritmo que su jardín se iluminaba, lo hacía la ventana de la casa vecina dejando ver a una silueta en movimiento.
Quien respondía a las señales lo hacía desde el alféizar; Raquel se asustó y apagó la luz temiendo que perdiera el equilibrio. A la noche siguiente, el juego de luces fue más breve aún al ver Raquel a la figura asomarse peligrosamente por la ventana; apagó y entró decidida a poner fin a tal temeridad.
La tarde siguiente, antes del anochecer, se acercó a la casa del fondo de la calle, llamó y, tras una breve y confusa explicación, preguntó a quien le abrió la puerta por la persona que ocupaba la habitación de la buhardilla. “¿En el desván, dices? Está cerrado y la ventana inutilizada; la tapiaron los anteriores propietarios. Al parecer, alguien se cayó desde allí”. Raquel retrocedió, levantó la vista y comprobó que donde la noche anterior había una ventana iluminada sólo se veían ladrillos medio tapiados por la hiedra.
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